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Artículo 03 · Recursos

La máscara de la perfección: el peso de vivir para el aplauso ajeno

¿Sentís que siempre tenés que ser el mejor, el más servicial o el que nunca se equivoca para ser aceptado? Aprendé por qué construimos un “Ideal del Yo” que termina siendo nuestra propia cárcel y cómo empezar a quitarte la máscara para vivir con más libertad.

Desde que somos chicos, aprendemos que el acceso al placer y al cariño no es gratis: está mediado por el mérito. “Si te portás bien, te compro el helado”. Esta lógica se nos mete tan adentro que desarrollamos lo que llamamos un Ideal del Yo: una imagen de perfección que tratamos de alcanzar para que los demás nos quieran y nos validen.

Todo acto humano tiene una doble intención: por un lado, buscamos satisfacer un deseo (comer, jugar, amar), pero por otro, buscamos reconocimiento. El problema es cuando el reconocimiento se vuelve el dueño de nuestra vida. Es lo que le pasa a la persona que necesita tener la casa impecable para recibir visitas, no por placer, sino por miedo a que piensen que es un desastre. O al profesional que nunca se permite un error porque siente que se le cae la careta y todos van a descubrir que es un “fiasco”.

Este ideal funciona como una prótesis: nos ayuda a movernos en sociedad, pero a un costo altísimo. Cuanto más nos alejamos de nuestra espontaneidad para cumplir con lo que “se espera de nosotros”, más vacío sentimos. Vivimos corriendo tras una zanahoria que nunca alcanzamos, porque el Ideal, por definición, siempre está un paso más allá de nuestra realidad.

Sección práctica

Soltar la zanahoria

Madurar es aprender a no tener tanto en cuenta la opinión ni la mirada de los demás para reencontrarse con el deseo propio.

Identificá tus “soportes narcisistas”

¿En qué basás tu valor hoy? ¿En tu auto, en tu pareja, en tu puesto de trabajo? Date cuenta de que si esos soportes fallan, vos seguís siendo la misma persona. Empezá a buscar tu validación en un criterio interno, no en los aplausos de afuera.

Permitite la “falla permitida”

Elegí algo en lo que no seas perfecto y mostralo. Puede ser admitir que no sabés algo en una conversación o dejar una tarea sin terminar un día. Experimentar que no sos expulsado del mundo por ser imperfecto es la mayor liberación.

Distinguí entre “ganas” y “necesidad”

Cuando vayas a hacer algo por otro, preguntate: “¿Lo hago porque quiero o porque necesito que me vea como una buena persona?”. Si es por necesidad, estás alimentando a tu tirano interno. Intentá, de vez en cuando, decir que “no” a una demanda ajena para decirte que “sí” a vos mismo.

Si algo de esto te resuena, podemos pensarlo juntos.

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